lunes, 8 de octubre de 2012

Los problemas crecen


Imaginaros por un momento a un joven de 16 años, con sus problemas sumamente graves como pudiera ser que no tiene el número de la chica del pupitre de al lado, o que no tiene dinero para irse de fiesta con sus amigos porque sus malvados padres no le han dado propina.
 Visto con la perspectiva de la edad, la verdad es que sus problemas no parecen graves, pero voy a intentaros revelar el drama que está a punto de ocurrir. Introduzcámonos pues en esta pequeña historia.

Este joven va caminando tranquilamente por la calle de su céntrica, contaminada, no por ello menos bella, ciudad. Va con la cabeza agachada, dado que sus problemas tienen un peso soberbio, sus pensamientos podrían resumirse en: “Vaya mierda de padres, no me dan tanto dinero como los padres de mis amigos, no le gusto a Magdalena, he sacado un 0 en el examen de matemáticas” y un largo etcétera de sus problemas.

Es cierto que por ir mirando al suelo pudo escaparse de un regalito que un perro con complejo de mamut había dejado en el suelo y que su cívico dueño no se tomó la molestia de recogerlo y metérselo por el agujero de un contenedor, debió haber pisado el presente, porque de ese modo podría haber evitado cruzarse con tres matones de esos que piden un euro porque su celebro funciona con monedas.

Estos matones son aprendices de banqueros roban con una amabilidad inusitada.

-Oye amigo, ¿Qué tal estas primo? – dijo el portavoz de los matones que casualmente es el más bajo de los tres.
-Bien, tengo un poquito de prisa asique… - Contestó el recién acobardado joven.
-No pasa nada tío que será un momentito solo,  ¿tienes hora? –Pregunto muy amablemente el pequeño matoncillo.
-Sí, las 18:30 –Dijo el un poco más tranquilo joven.
-Gracias, ¿me podrías dejar un euro para el autobús que no me queda? –Dijo el matoncillo con aparente desconocimiento de la subida del crudo y por tanto del precio del autobús.

El joven se vio en la disyuntiva de si darle un euro, darle más para que pudiese coger el transporte o intentar negociar una salida digna, dado que el pequeño matoncillo no sabía nada del panorama económico actual, pero sus amigos si tenían pinta de saber meterle una paliza a un listillo decidió sacar su euro del bolsillo y dárselo al matón.

-Muchas gracias amigo, ¿algo más suelto no llevaras? –La verdad es que estos matones nunca tienen suficiente, igual que los bancos.
No, no, no, no, ya no me queda nada –Dijo el joven consciente de que le quedaban solo 2,10 euros y que merecía la pena discutir por ellos.

 Entonces el matón más grande le echo mano al bolsillo y le encontró el dinero, propinándole un golpe al pobre joven y dejándolo viendo estrellas y no precisamente del porno, y se fueron ambos tres, con 3,10 para que al menos dos de ellos si pudiesen abonar la cantidad del viaje del autobús.

Lo gracioso de esta historia es que si nos vamos a un universo paralelo, hay un joven llamado Jesús hablando por teléfono con una tal Magdalena, haciendo planes para irse al cine con ella, con los 40 euros que sus padres le han dado gracias a su excelente en el examen de matemáticas. Debido a todo esto el joven no iba mirando al suelo y no fijo en que en la calle había un presente de un perro con complejo de mamut, pisándolo, pensando en su desgracia y mala suerte dirigiendo su nuevo destino a una fuente cercana para limpiar sus zapatos, evitando sin saberlo a un grupo de tres matones que buscaban a un primo al que pedirle algo de dinero.

1 comentario:

  1. Claramente podria ser la historia de cualquier ser de edad temprana divagado por dichos problemas, not bad my friend, las buenas palabras te acompañan, curiosidad tengo de ver mas

    Estrogenos

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