Todavía recuerdo el día que cambió mi vida, con su permiso
me voy a proponer relatarlo.
Que calor hacía en aquel desierto, que fácil fue perderse
entre las dunas, mi visión me había engañado y mi sentido de la orientación abandonado,
recuerdo estar sediento, una agonía insufrible, llevaba caminando durante días
sin nada más que llevarme a la boca que la esperanza.
Y he aquí el milagro, no podía creer lo que mis ojos relataban,
entre tanta arena y tanta desesperanza, un oasis se levantaba, “¡agua!” Grite sin
voz con mi garganta secada. Auné fuerzas y corrí, mientras llegaba una frase mi
mente acechaba: “¿Será un espejismo?”, no, no lo era.
Me lancé al agua y cuando pretendía beber usando como cuenco
mis manos note que alguien me cogía por la espalda y me sacaba de aquel lago, intente
resistirme pero la sed, el hambre y mi última carrera me habían dejado
extremadamente débil.
¿Quién es usted? – le pregunte envuelto en pánico.
Soy el dueño de este oasis, y quien trajo la primera gota en
este desierto –me contesto el que ahora reconocía como el dueño de ese fabuloso
oasis.
¿Podría beber de su agua? –No podía dejar de intentar mojar
mis secos labios.
Por supuesto, pero llevas demasiado tiempo sin beber, por lo
tanto si no quieres que el cuerpo rechace el agua debes empezar bebiendo un
poco para más adelante beber un poco más, hasta que puedas tolerar gran
cantidad de agua sin que te cuerpo sea castigado.
Y le hice caso, primero bebí un sorbo, y poco a poco pude ir
bebiendo más, que gran placer beber agua, que gran placer aplacar mi sed, y
mientras iba bebiendo una pregunta se me paso por la mente.
¿Cómo es posible que este oasis siempre tenga agua? –Le pregunté a su dueño.
Muy fácil, aunque fui el primero en traer agua a este oasis,
todos los viajeros perdidos que llegaban sedientos volvieron con el tiempo a
darme a mi agua para poder ofrecérsela a quien la necesite. –Dijo con una
amplia sonrisa el poseedor del oasis.
¿Por qué le traen agua si parece que ya no la necesita?, ¿Por
qué ofrece usted agua a los viajeros? –Dos preguntas seguidas, esperaba no
resultar impertinente.
A la primera pregunta, todo hombre necesita un oasis lleno
de agua, si los viajeros dejaran de traer agua el oasis se secaría y yo moriría
sediento, a su segunda pregunta la respuesta podría ser: ¿Por qué no dar agua a
quien necesita beber? –Sus respuestas no eran claras, pero decidí no preguntar más.
Salí del oasis y me encaminé de nuevo hacia casa, ya no
sufría, era feliz, y por el camino pensé, cuando tenga suficiente agua volveré
al oasis y dejaré agua en el oasis para ayudar a futuros viajes como se me ha ayudado
a mí.
Ese día cambio mi vida, ese día renací como persona, ese día
hallé el conocimiento.
Hey tío esta genial si haces una novela me la leo!
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