Dicen que toda historia tiene un comienzo, y algunos
comienzos empiezan justo cuando otra historia llega a su final, el jinete lo
sabe muy bien, es experto en ver como una nueva vida puede llevarse a otra en
su comienzo, morir durante el parto es algo muy habitual, y los pobres bebés
deben cargar el peso de la muerte de su madre desde el mismo instante en el que
nacen, obviamente no todos se culpan pero hay muchos que si y el jinete está
presenciando uno de esos casos.
En una noche tormentosa, en un pequeño poblado arrasado
muchos meses antes por una horda de bárbaros cuya dirección era y es la batalla está
ocurriendo un milagro, el milagro de la vida, lo curioso es que ha descabalgado
un jinete que está pasando totalmente desapercibido, su especialidad es
claramente lo opuesto a dicho milagro, mira dos relojes de arena, uno es
grande, y no le queda arena en su interior, y juraría que el más pequeño tenía
menos arena al salir de su casa, “Genial” se dice el jinete para el mismo, no es
la primera vez que va a recoger a dos personas y acaba recogiendo solo una,
como odiaba a la brujería.
Entra en una casa y allí se encuentra con una mujer
sufriendo terribles dolores y sabiendo que su vida y la de su hijo penden de un
hilo, vuelve a mirar los relojes y ve que el más pequeño tiene ahora más arena
que antes, el jinete se extraña, pues no hay mago ni brujas en la habitación, y
que él conozca no ha habido ningún bárbaro que haya engendrado un brujo.
Acaba de nacer un bebe sus ojos son como los de la misma
madre tierra, marrones como montañas y le miran fijamente, “este niño me está
mirando”, el jinete deja pendiente más de una charla con los dioses, ahora
tiene trabajo.
“Es un niño precioso” dijo el jinete a una mujer que acaba
de aparecer y que es idéntica a la madre del bebé.
“Solo espero que no se parezca al padre, ¿Quién eres?” Dijo
la mujer sin prestar demasiada importancia a los detalles.
“Soy aquel al que esperabas hace ya 9 meses, pero los dioses
tenían otros planes para ti, y por lo que veo para alguien más” Respondió muy
amablemente el jinete. “Ahora debes acompañarme, debo llevarte a tu nuevo hogar”.
Y cabalgaron. Durante el silencioso trayecto el jinete no
dejó de preguntarse, cuál era el plan de los dioses, y porque nunca le avisan
de ellos, si al fin y al cabo siempre le toca a él trabajar en las conclusiones
de los mismos, salgan como salgan.
Este es el principio de una historia que nadie sabe como empezó,
pero todo el mundo ha conocido su final, la historia que cambio el mundo, la
historia que cambió todas las historias, porque algunas historias son paredes
maestras del devenir de los tiempos y de su nudo depende el desenlace, y la historia
de Sharick es sin duda una de ellas.
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