Hoy os voy a narrar la historia de un gato, un gato lleno de
desdicha que se reía de los problemas de los demás gatos, ¿por qué? Dirán
algunos de ustedes, yo me dispongo a explicarlo.
Nacido en la calle, pues su madre era callejera, sufrió las
inclemencias del tiempo en sus débiles carnes desde muy pequeño, cierto día,
cuando el hambre acusaba y su madre no aparecía decidió ir a buscarla,
llamándola aterrado y hambriento. Pobre gato, a su corta edad no sabía que un
pequeño gato no debe abandonar nunca la madriguera. En estas que unos niños
aburridos aparecieron y vieron en él una fantástica forma de pasar el rato. El
gato sufrió lo indecible y lo acabaron tirando a un torrente. Afortunadamente
era un gato y tenía 7 vidas.
En el fondo del torrente el gato se preguntaba, ¿Por qué a
mí, que he hecho yo para sufrir tanto? Pero Dios está atento y nunca deja
escapar la oportunidad de que hasta ahora ha sido piadoso contigo, así pues
comenzó a llover como no lo había hecho en décadas, y el gato impotente tuvo
que sufrir las consecuencias de una torrentada formada en instantes, intentando
mantenerse a flote choco contra ramas, piedras y algún que otro puente.
Cualquier animal habría muerto en tan terrible circunstancia. Por suerte era un
gato y tenía 7 vidas.
Llego a una playa el pobre gato, y allí lo vio una chica
amante de los animales, parecía que la suerte del gatito empezaba a cambiar,
ella le dio un poco de comida, y lo llevó al veterinario. El gato se pondrá
bien le dijo el amable hombre, la chica emocionada llevo al pobre gato a casa,
pero en esa casa los animales no eran bien recibidos, su padre metió al gato en
un saco y le atestó un terrible golpe con un bastón que tenían por casa, y tiró
al gato a un contenedor de basura. Por suerte era un gato y tenía 7 vidas.
Pudo salir del saco y adoptó el contenedor como su hogar,
allí podía encontrar comida, y refugio en ocasiones, así paso el tiempo, hasta
que un día al cruzar la calle un coche que circulaba a gran velocidad le pasó
por encima, las dos ruedas destrozaron a aquel pobre animal, dejándole en el
camino de una muerte lenta y dolorosa, pues no le quedaba órgano sano. Por
suerte era un gato y tenía 7 vidas.
Arrastrándose como pudo fue saliendo de la carretera, no sin
antes haber sufrido el atropello de su rabo, aun así a fuerza de valor y
voluntad logró ponerse a salvo, empezaba a maldecir su vida cuando desde los
balcones se veían gatos cuya queja era que no podían salir de su piso y dar una
vuelta, que gustoso se cambiaría el por ellos, comiendo comida mohosa y
bebiendo de los charcos del suelo, pero que veían sus ojos un plato de comida,
y parecía en buen estado. Se abalanzó sobre ella y se comió todo lo que su
maltrecho cuerpo le permitió. A las pocas horas empezó a sufrir increíbles
dolores en su estómago que se fueron extendiendo al resto de su cuerpo, la comida
estaba envenenada. Con lágrimas en los ojos se empezó a despedir del mundo,
acordándose de su madre “¿mama por qué tardaste tanto en regresar?” se
preguntaba el pobre en su agonía. Pero era un gato y tenía 7 vidas.
El gato en su desgracia se repetía, ¿por qué no he muerto?,
¿por qué sigo con vida?, dos años de sufrimientos y amarguras algún día seré
feliz, algún día, empezó a dar consejos a los gatos que se quejaban, ¡que pocos
motivos tenían! Esto no le gustaba nada al gato más fuerte del vecindario, y fue
a por él, iniciando una pelea tremenda, le saco un ojo de un zarpazo, le
arrancó un trozo de oreja y acabo de romperle el rabo. Ojalá muera en la pelea
pensaba nuestro gato. Mala suerte que era un gato y tenía 7 vidas.
Pobre gato, nunca acababan las desgracias para él, pero un
día por fin un joven solitario lo vio, tuerto, cojo y sin rabo. Lo llevó a su
casa y empezó a cuidarlo, que feliz era el gato, que agradecido a su amo, no le
faltaba comida, no le faltaba cariño. Era viejo, y no pudo soportar un triste
resfriado. Mala suerte que era un gato y no le quedaban más vidas.
Por lo menos nuestro gato pudo ser feliz en su última vida.
(micro-relato inspirado en una canción de albert pla: